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Tras atarle con cuerdas, al toro se le pone una tela de cáñamo alrededor de los cuernos, embadurnada de líquido inflamable. Después, se le cubre completamente de barro, medida que al parecer, librará al animal de sufrir quemaduras (¡cómo no lo habrán pensado antes los bomberos!). Después, se incorpora el fuego y comienza el espectáculo.
El toro se resiste, salta asustado y se contorsiona intentando librarse de la amenza del fuego. Así continúa, hasta que, agotado, deja de moverse. Sin embargo, el fuego sigue en sus astas y hasta que no se extinga, la fiesta continuará.
Gonzo, bastante impresionado con la escena que acaba de presenciar, decide preguntar a la gente de Medinaceli qué opina de esta fiesta. Para su sorpresa no hay una sola persona que diga estar en contra. De hecho, algunos afirman que les molesta que asista gente a la fiesta a la que no le gusta el toro embolado.
Nuestro reportero decidió entonces preguntar a la ministra de Cultura, Carmen Caffarel. Esta aseguró oponerse a este tipo de fiestas. Algo distinto es aquello que tiene que ver con el mundo taurino. Ahí, afirmó, puede 'que todos tengan razón'.
La siguiente visita fue para el alcalde de Medinaceli. Y esta vez íbamos más que preparados y con una propuesta bajo el brazo. ¿Qué tal si cambiaban el toro por un muñeco? Eso es lo que han hecho en localidades como Tarazona y Mataró. Sin embargo, al alcalde no pareció gustarle demasiado la idea y bajo el la excusa de que las tradiciones deben conservarse, no conseguimos que diera su brazo a torcer. Y nosotros nos preguntamos, ¿llegará el día en el que el sufrimiento de los animales deje de ser un espectáculo? Esperamos que sí.
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